Las Moradas de San Martín, el respeto por la garnacha.

En Las Moradas de San Martín, bodega perteneciente al grupo Enate, saben que el origen de un buen vino está en la viña.

En la vertiente madrileña de la Sierra de Gredos, haciendo frontera con Ávila, un grupo de enólogos está revolucionando las garnachas de Madrid.

El municipio de San Martín de Valdeiglesias  cuenta con una larga y reconocida tradición vinícola. Es aquí donde se encuentra la bodega de Las Moradas de San Martín. Las temperaturas suaves, el paisaje de dehesas y montes y sus suelos ácidos y arenosos son el escenario elegido para elaborar vinos con una personalidad única.

Isabel Galindo, Alejandro Carreras y Luis Olivan tienen cada año en sus manos, la difícil tarea de elaborar vino utilizando dos de las variedades preferentes de los Vinos de Madrid: Albillo Real y Garnacha. Los tres coinciden en que las técnicas de viticultura deben respetar el paisaje, el terreno y la uva. “Pagos de los Castillejos” es el paraje donde se encuentra el viñedo y pertenece a la Denominación de Origen Vinos de Madrid . Cuenta con 21 hectáreas de viñedo donde conviven antiguas y nuevas plantaciones de vid en vaso. Pinos, encinas, enebros, jaras y una gran variedad de especies aromáticas actúan como guardianes silenciosos del paso del tiempo.

La Garnacha llegó a ser la variedad más extendida en nuestro país hasta finales del siglo XX donde entró en declive por vincularse indiscriminadamente a vinos de baja calidad. Pero, todo lo contrario. Es una uva que requiere cariño, bajos rendimientos y vendimias manuales para evitar la rotura y oxidación del mosto. Esto lo saben bien en Las Moradas de San Martín que llegan incluso a realizar tareas agrícolas con mulas para evitar la mecanización. Han hecho de las Garnachas su sello de identificación. La Albillo Real es poco productiva, con un hollejo fino y racimos pequeños, es la variedad que primero madura en Madrid. Cuando se trabaja con esmero da lugar a vinos sabrosos con recuerdos florales, aromas frescos y elegantes.

La bodega es pequeña, práctica. Un lugar donde te envuelve el olor del buen vino y la madera que lo hace envejecer. Tiene capacidad para elaborar 80.000 botellas al año y cuenta con una nave de crianza con barricas de roble francés y húngaro. Alejandro, ingeniero agrónomo de la bodega, describe sus vinos como “vinos con alma”, y así lo son ya que cada uno de ellos está inspirado en un relato.

Os animamos a conocer esta entrañable bodega donde podéis disfrutar de actividades de enoturismo, catas al aire libre y actividades donde os enseñan técnicas de viticultura. Pertenecen a la asociación “Madrid Enoturismo”, que junto al Consejo Regulador Vinos de Madrid trabaja para dar a conocer una Denominación de Origen de enorme potencial y recorrido. Aún tiene que darnos muchas sorpresas.

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